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Del amor sexual al amor romántico

Ignoro quien de ambos había tenido más amantes en cama el día que nos conocimos, pero fue Veronica Vain quien quiso finalizar el juego del amor circunstancial. Sabiéndose estupenda, ella creyó que nunca llegaría a amarla en exclusividad como ella ya había comenzado a sentirlo por mí desde hacía unos meses. Estaba insegura, y pensaba en la mega estrellas del negocio de la pornografía con quienes yo continuaba trabajando, y por primera vez comenzó a sentir celos.

Tras conocer por primera vez a Kenna James para una escena de Nubiles y posteriormente a la imposible Abigail Mac en varias escenas en pocos meses, Veronica comenzó a considerar la idea de que me perdería en el camino. Ella estaba despegándose de la industria, y trabajaba muy poco. Todavía su gran debut en el porno la mantenía en la mirada de muchos sellos que la recordaban como una de las mayores promesas del porno, pero ella estaba ya en otra órbita de dimensiones.

Quería amor, verdadero amor, y sobretodo un amor final. Yo no era tampoco su objeto donde ella canalizara sus deseos profundos, sino el verdadero hombre que ella había elegido luego de conocernos en un escena e iniciar posteriormente una relación privada. Habíamos decidido unirnos y formamos un hogar, aún manteniendo nuestras tareas que nos llevaron a nuestro primer conocimiento.

Sus ardientes celos se manifestaban cuando pensaba en Abigail, sobre todo. La envidiaba profundamente, aún sin razones evidentes por mi parte y mis sentimientos hacia la musa de Digital Playground. Su silueta era perfecta, no hay dudas, pero no era un mujer accesible ni tampoco interesante para mí luego de terminar las escenas.

Veronica celaba de sus senos, pero especialmente de sus nalgas. Esta fascinación por los detallismos los llevaba a un extremo insustancial, porque nada había en ella que no hubiera en las mayores pornstar del negocio. Es cierto, la perfección existe, y es una particularidad de la naturaleza, pero una mujer tan ardiente y sexy como ella no debiera tener esta sobre estimación de las demás. Su figura blanca y natural, de piel blanca y sin tatuajes, sus dimensiones levemente más rollizas que en sus año debut, ofrecía una imperfecta atracción lasciva.

Su físico me era apasionante por su naturalidad y por formar parte de este mundo humano construido imperfectamente, y su persona entera era mi reposo de él. Su cabellera leonina y abundante era una cristalización de la naturaleza exterior en la cama de un espacio interior: como una planta floral en medio de cuatro paredes de un espacio limitado. Y se lo hice notar muchas veces.

Cuando decidió dejarle largamente el cabello pelirrojo, realmente único en esta faz terrestre, noté como Veronica empatizaba en lo más profundo con ms sentimientos. ¡Qué importaban el resto de las cosas superficialmente artificiales en comparación con su apetito de satisfacer! Qué en el ciertos interiores de mi alma tuviera fascinación por el cabello rubio y la mirada celeste, ella era incomparablemente superior a los ejercicios de imaginación o a los trabajos bajo un contrato. Nunca trabajé con Tawny Roberts o Teagan Presley, pero ella conoció mi atracción por estas dos mujeres mientras nos conocíamos y comenzábamos una relación.

Es verdad que ambas tenían un busto fuerte y de tamaño artificialmente ampliado, pero este detalle era menor en mi consideración de aquellos amores de revistas y escenas en pantalla. No me interesaba exigir nada a otro, nunca fue mi estilo, su cabellera extensa había sido una decisión personal y autónoma de Veronica. Sus cambios de color de cabello de pelirrojo a castaño y viceversa, también las tomaba de manera personal. Me eran igualmente singulares estas leves y destacadas transformaciones —y las apreciaba— tanto como sus fascinantes piercings cuando la desnudaba enteramente —que dejaban lucir un decorativo humano y artificial en una hermosa criatura de la fauna— así como sus labios y uñas de color rojo —tanto el mío como su color favorito.

Su piel suave y noble de blanco pálido sin tatuajes se la halagaba diariamente con mis caricias, y nuestra sintonía en cuando a los dibujos en la piel, era una coquetería mutua y empática. Si nunca manchara su pulcro cuerpo con una tinta de color no creo que haya sido por alguna exigencia mía, e incluso me hacía admirarla mayormente saber que tanto como yo, a Veronica no le gustaran los tatuajes tan modelados en el siglo XXI. La excepción, en este caso, es la verdadera belleza que siempre admiré en las mujeres de esta generación que rememoran el erotismo clásico del siglo XIX y XX.

En el momento en que nuestra relación estaba más fuerte desde que la iniciáramos hacía ocho meses, Veronica quiso realizarse la mayor de sus modificaciones estéticas. Era claro para mí que sus verdaderos senos medianos eran significativamente sensuales, y no pensaba demasiado en que otras mujeres lucieran bustos fuerte y eminentes como muchas de las actrices con quien trabajaba o admiraba en mis años anteriores a nuestra relación.

Sin embrago, un día quiso que sus senos fueran tan globulares como los de Sunrise Adams, una rubia de mirada celeste de cual celaba quizás más aún que de Tawny Roberts. Veronica quiso rogarme amor por siempre transmigrando esta norma implícita, y aunque la exhorté a que no lo hiciera, tenía una fijación muy feminizada en este aspecto.

El hecho es que los implantes llevan un proceso de meses, y ella quiso no tener relaciones sexuales hasta finalizarlo. Se negó incluso a que le hiciera sexo oral por el rato suficiente para ella. En cambio estuvo dispuesta en este tiempo a hacerle sexo oral hasta terminarme en muchas ocasiones. Supongo que esto le daba más control sobre las decisiones, y podía involucrarse menos sexualmente en la relación.

Pasado un tiempo, Veronica quiso abrirme su caja de pandora, y durante el día, preparó una especie matrimonio ceremonial informal y privado en nuestro apartamento. Quería vestir de blanco, pero especialmente, vestir de novia. Estar devuelta dentro de ella me mantuvo con grandes palpitaciones sexuales durante toda la mañana, y esperando la tarde.

Sus senos eran realmente fuertes, unidos a una silueta siempre jugosa y voluptuosa y en lo que los 34DD —vaya fórmula que no había conocido más que en videos— evidenciaban una ruda sobre-relevancia en mi Veronica Vain.

Poco me importaron las dos marcas que quedaron el piel debajo de sus senos y que mi amada mujer solía encubrir subrepticiamente dejándose colocado el sostén.

Two Become One —dijo ella.

Enzo Pittamiglio


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Veronica Vain at 28 Years Old: Two Become One (NB Films, 2019)

Este relato de ficción pornográfica está inspirado en la escena de Veronica Vain, Two Become One, publicados por NB Films en septiembre de 2019, también llamado Consummating the Marriage. Se trata de una breve escena Boy/Girl de no más de 11 minutos realizado a los 28 años de edad de la estrella.

La escena se haya disponible completa en la cuenta oficial de NF Busty en Pornhub, titulada en español como Consumando el matrimonio S9:E11.



Sección RelatosVeronica Vain ruega fidelidad eterna (2023) es la segunda narración erótica que escribimos luego del primer relato que escribimos con Sheena Shaw como protagonista en Matrimonio con Sheena Shaw: La estrella porno definitiva.


Extras

Veronica Vain en su año de debut porno (2015)

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Veronica Vain at 24 Years Old: Gushing Pussy (Fantasy HD, 2015)


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Veronica Vain at 24 Years Old: The She-Wolf of Wall Street (Pure Mature, 2015)


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Veronica Vain: Fuck Wall Street (PornPros, 2015)


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Relatos

Sumario de relatos y ficciones

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Video — Veronica Vain en Two Become One (NF Busty, 2019)

Jenna Jameson La Pornstar Final Icon Leonardo

por Leonardo

Cronista y redactor Triple X

2 comentario en “Veronica Vain ruega fidelidad eterna (2023)”

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